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ARQUITECTURA

A principios de los 60, en el barrio de Mulholland Drive, un joven ingeniero aeroespacial, Leonard Malin, recibió de su suegro una parcela edificable con vistas al lujoso barrio. La única pega que tenía la parcela era su inclinación, 45º . La suerte de Leonard cambió al conocer al arquitecto John Lautner (discípulo de Frank Lloyd Wright)  que le ofreció una solución distinta y original para edificar en ese terreno tan inclinado, cuya solución convencional habría sido excavar y construir muros de contención .  Lautner , cuando vio el terreno, dibujo una linea vertical y le propuso construirla encima de esa linea, linea que sobre el terreno se convertiría en una columna de hormigón de seis metros de diámetro y 8.7 metros de altura. Sobre ella, se construiría una casa octogonal de 205 metros cuadrados. La estructura de la casa estaba formada por unas vigas de madera laminada sujetas al centro por un anillo de compresión fabricado en acero. Estructura que en principio podría parecer frágil, pero los años demostraron que no ya que resistió lluvias torrenciales y varios terremotos. El acceso a la casa se haría mediante una rampa conectada a la ladera de la montaña y a la que se tendría acceso mediante un funicular.

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Leonard dejó su trabajo y , junto a la ayuda de sólo tres obreros, se dedicó a construirla él mismo. En 1961 la casa ya era una realidad después de 18 meses de duro trabajo. Le costó 140.000 dólares ( hoy parecería barato pero recordad que estamos hablando de principios de los 60) pero gracias a diferentes patrocinadores atraídos por  el diseño tan singular de la casa Malin sólo tuvo que pagar 80.000 dólares. Las dos empresas que financiaron parte de la obra eran la compañía de gas Southern California Gas y la empresa química Chem Seal Corporation (empresa que inspiró el nombre de la casa “Chemosphere”).

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La primera vez que encendieron las luces de debajo de la casa, el aspecto de esta era la de un OVNI flotando sobre Mulholland Drive, muchos vecinos se acercaron pensando que realmente se trataba de un platillo volante. Los Malin vivieron en esta casa durante diez años, pero en 1972, problemas económicos hicieron que tuvieran que vender la casa. El comprador fue el Dr Richard Kuhn, asesinado cuatro años después por unos ladrones que entraron en su domicilio. Después de dos propietarios más la Chemosphere acabó siendo alquilada para fiestas hasta que en 1997, el famoso editor de los excepcionales libros sobre arte y arquitectura, Benedickt Tachen y su mujer, se enamoraron de ella al instante y la compraron  por un millón de dólares.

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Siempre me ha llamado la atención que este tipo de casa es el que más prolifera en el país de las oportunidades. Las razones son varias , inicialmente, la influencia del Reino Unido a mediados del siglo XIX llevo al nuevo mundo su estilo victoriano. Esta arquitectura se moldea con madera aunque se fue introduciendo timidamente el uso del ladrillo a partir de 1850. El diseño “Reina Ana” es el que más prevalece.

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El problema de la madera, es su vulnerabilidad ante condiciones naturales extremas tales como el fuego, huracanes, etc el año pasado se pudo ver ante los incendios producidos en California, el comportamiento de las construcciones de madera y las de ladrillo ( conocidas allí como Brick Veneer 

Uno de los motivos por los que prolifera este tipo de construcciones, es porque en los Estados Unidos, abundan mucho las zonas montañosas y los bosques. Esto repercute primero en que la madera es muy accesible, barata y sencilla de trabajar y segundo, que el transporte, al haber tanta demanda, es mucho más barato que si de ladrillo se tratara.

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Otra razón radica en la mentalidad americana de la vivienda. Allí lo más normal es tener cinco o seis casas a lo largo de tu vida, por lo que no resulta nada rentable endeudarte hasta el tuétano , por lo que la adquisición de estas casas se abarata muchísimo respecto a las de ladrillo, ya que normalmente las construye uno mismo (hecho muy común allí, además, no requiere demasiada mano de obra especializada).

Este tipo de vivienda tiene otra ventaja, se agrietan menos que las de ladrillo, y allí, en la que los seísmos están a la orden del día (sobre todo en la costa oeste) es una ventaja muy importante.

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Hoy hace exactamente 11 años cuando el mundo occidental cambió por completo. Los atentados del 11 de septiembre de aquel 2001 cambiarían la historia de EEUU y por consiguiente la de todos los países anexos de una manera u otra a la gran potencia mundial.
Recuerdo que aquel día era el previo a un importante exámen que tenía en la facultad. Por aquel entonces estudiaba Empresariales, y de aquella ni idea de que acabaría convirtiéndome en fotógrafo (aunque en el fondo soy empresario ¿no?). Después de dormir una larga siesta, pues tenía la costumbre de pasarme la noche estudiando, recuerdo que vi a mis padres mirando la tv de la cocina con cara incrédula. Yo mire para la tele y veía la imagen de una Nueva York apocalíptica, con las torres envueltas en llamas, y me fije en que la cadena dónde estaba sintonizada la tv era la CNN , y yo no tenía CNN, así que pensé que era una película hasta que mi madre me cuenta lo sucedido. A cuadros me quede con lo que me contaba : aviones civiles que se estrellaron contra las torres, gente desesperada tirándose por las ventanas, las torres derrumbándose, y todo en vivo y en directo.

Como todo el mundo sabe como, porqué y qué ocurrió, no voy a ponerme a escribir aquí sobre lo que paso ,o divagar con teorías sobre las conspiraciones del gobierno estadounidense o tal o cual. Os voy a dejar una serie de imágenes sobre las torres diseñadas por el japonés Minoru Yamasaki en si (no de gente saltando, no de cadáveres o aviones estrellándose) y decir quizás que lo que aprendí junto a mi profesor de cálculo de estructuras del año pasado es que realmente el acero si funde a las temperaturas que se llego por el queroseno de los aviones y los pocos (pero letales) fallos de diseño estructural que hicieron que las torres se derrumbasen como lo hicieron. No mediante explosiones controladas como quieren imaginar muchos o, como dicen algunos por ahí, el acero no se derrite con el calor (¿perdón?)

Conspiración o no, los atentados se llevaron miles de vidas y destrozaron otras miles, como en la de cualquier atentado terrorista, la forma más cobarde y vergonzosa de defender unos ideales. 

La torre de cápsulas NAKAGIN (Tokio) fue diseñada por un grupo de arquitectos japoneses a finales de los años 50, pero su construcción no vería el final hasta 1971. El edificio en si es una mezcla de oficinas y residencias capaz de cambiar según las necesidades de sus habitantes. Al edificio se le estimaba una vida útil de unos 200 años, pero hoy en día, cuarenta años después , sus ocupantes la quieren derribar.

La torre esta compuesta por 140 células prefabricadas, distribuidas en dos torres interconectadas de 13 y 11 plantas. Las cápsulas tiene un espacio útil muy pequeño, de unos 2.5 metros por 3.8 metros aproximadamente y una altura de 2.1 metros. Su estructura es de acero ligero y está recubierta por placas galvanizadas  del mismo material.

Según Kisho Kurokawa, autor de la Torre Nakagin y uno de los fundadores del Metabolismo, la impermanencia llevaba marcando el aspecto de las ciudades de Japón desde hacía muchos siglos. Kurokawa creía que en el futuro las personas adoptarían una forma de vida más nómada, viviendo en diferentes lugares durante sus vidas. Su torre encajaba a la perfección con esa visión y no dejaba de ser un lugar de paso, para los hombres de negocios solteros que pasaban la semana laboral en Tokio. Pudiendo usar sus cápsulas como apartamento ultra-compacto o como un pequeño estudio. 

Las celdas estaban sujetas a la estructura central del edificio de hormigón únicamente mediante 4 pernos de alta resistencia, de manera que fueran fácilmente reemplazables en el futuro o, si se deseaba, se pudieran distribuir de manera diferente permitiendo la formación de apartamentos más grandes, más adecuados para familias. Todo esto, de manera independiente, es decir, se pretendía que fuera posible substituir cualquiera de las cápsulas sin necesidad de desmontar el resto. 

El ensamblaje de las cápsulas se realizaba en una fábrica, de manera que ya llegaban acabadas a la obra. Sólo hacía falta colocarlas en su posición final y realizar las conexiones necesarias con las instalaciones del edificio. 



El objetivo de Kurokawa era aprovechar al máximo el espacio mínimo de cada cápsula, de manera que, a pesar de su reducido tamaño, sus ocupantes dispusieran de un espacio vital y privado en el que pudieran llevar a cabo su vida diaria. Los electrodomésticos (una nevera, una pequeña cocina, un televisor y un grabador-reproductor de cintas de audio) estaban empotrados en una de las paredes. El baño era muy similar a los de los aviones. En el extremo exterior sobre la cama, una ventana circular.


El edificio fue acabado en 1972 y Kurokawa esperaba que cada 25 años se substituyeran todas las cápsulas, dando así una vida útil al edificio de unos 200 años. Sin embargo, este futuro que Kurokawa imaginó no ha llegado nunca. Las cápsulas no han sido renovadas. Los motivos son muchos, pero no ayuda que sólo sea posible desmontarlas desde arriba, no desde abajo, desde donde hubiera sido mucho más fácil y económico hacerlo. Tampoco se ha llevado a cabo un mantenimiento adecuado del edificio, que se encuentra en un estado de conservación no demasiado bueno y el agua se filtra por los pasillos, impregnando de humedad todo el edificio. 



No es de extrañar que los ocupantes de la torre no estén demasiado satisfechos con sus cápsulas y, en 2007, decidieran en votación demoler el edificio y la construcción de uno más moderno. Aunque los vecinos se quejaban del mal estado de conservación, dudaban de su resistencia a los terremotos o del peligro que podían suponer los asbestos empleados durante su construcción, parece que la verdadera razón era el desaprovechamiento del espacio que, en su opinión, suponía la Torre Nakagin, más si cabe en un solar situado junto a uno de los barrios más cotizados de la capital japonesa ( Shimbashi ). 

Por eso, no es de extrañar que el contraataque de Kurokava proponiendo la modernización del edificio substituyendo las obsoletas cápsulas por unas modernas, fuera rápidamente descartado. Los vecinos hartos de vivir hacinados, defendían la construcción de un nuevo edificio más espacioso y confortable. De esta manera, la nueva torre proyectada, aunque mantiene prácticamente igual el número de plantas, 14, tendría un 60 % más de superficie construida


La muerte de Kisho Kurokawa el 12 de octubre de 2007, dejó a su obra aún más indefensa y, pese a la oposición del Instituto Japonés de Arquitectos, los planes de demolición continúan y, si la torre aún sigue en pie, es porque debido a la crisis mundial los propietarios aún no han podido encontrar un promotor para la construcción de la nueva Torre Nakagin.

No se a vosotros, pero a mi me gusta tanto la idea como el diseño de la misma, además de su decorado interior con ese aire setentero futurista de la época (que me encanta).

 Hoy esta entrada va dedicada a uno de los edificios más emblemáticos e impactantes de los muchos que cuenta la ciudad de Nueva York, esa de la que tengo que visitar algún día cuando supere mi fobia a volar en avión. Pero como no estáis leyendo esto para contaros mis fobias (que son muchas) os contaré algo sobre este increíble edificio construido por la marca de automóviles CHRYSLER allá por 1929 y abierto al público en mayo de 1930 con una altura de 319 metros (1.047 píes)

 Lo que más llama la atención del diseño son sus águilas, que al igual que las gárgolas en los viejos castillos, vigilan la ciudad desde los cuatro costados del edificio. Junto a las águilas (que eran el símbolo que llevaban los coches sobre su capo) el diseño “art decó” del edificio introducía a la altura del piso 31 unos adornos que son una reproducción a las calandras de los coches de la época, pues todo el edificio es un homenaje a los automóviles de la compañía.

No se a vosotros pero este edificio parece sacado de la mismísima Gotham City, o sin ir más lejos, Spiderman, que siempre vigila la ciudad sentado sobre una de sus metálicas águilas. Curiosidades frikis aparte, el edificio ostento hasta la construcción del Empire State, el honor de ser el edifico más alto del mundo por aquella época, de todas formas, sea más alto o no, todos los neoyorquinos lo eligen como su preferido. Sus gárgolas llevan años vigilando la ciudad desde los días de hambre, suicidios y pobreza, la guerra, y los días dorados dónde volaba confeti por toda la manzana celebrando las grandes hazañas de los héroes americanos. También estuvieron allí aquella mañana de Septiembre en que todo se cubrió de fuego…