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Archivos Mensuales: septiembre 2012

Trailer ya oficial del Hobitt . No me la pienso perder, Peter Jackson sigue en su linea, como debe de ser. Leí este libro hace ya dieciocho años por recomendación de un amigo para posteriormente leer el Señor de Los Anillos.

  Este es el primer post que escribo sobre un fotógrafo y no voy a escribir sobre un fotógrafo que ha hecho que mi vida fuera enfocada a la fotografía como profesional o que sea uno de los fotógrafos que más me ha impactado y ha influido mucho sobre mi forma de trabajar y bla bla bla, no, hoy dedico este post a este fotógrafo estadounidense de los años cincuenta que retrató a las celebridades de la época , pero no de una forma cualquiera, no, las retrataba saltando. Desde el mismisimo presidente malo maloso de los EEUU por aquella ( Richard Nixon) hasta la foto que seguramente os suene más de haberla visto por ahí, la de Brigitte Bardot, foto, que ilustra la portada del segundo disco de LOS PLANETAS pop



                                                                           Audrey Hepburn 

                                                                        Brigitte Bardot



                                                                    Grace Kelly

                                                                         Marilyn Monroe y el propio fotógrafo

                                                                           Sophia Loren

Richard Nixon


Hoy hace exactamente 11 años cuando el mundo occidental cambió por completo. Los atentados del 11 de septiembre de aquel 2001 cambiarían la historia de EEUU y por consiguiente la de todos los países anexos de una manera u otra a la gran potencia mundial.
Recuerdo que aquel día era el previo a un importante exámen que tenía en la facultad. Por aquel entonces estudiaba Empresariales, y de aquella ni idea de que acabaría convirtiéndome en fotógrafo (aunque en el fondo soy empresario ¿no?). Después de dormir una larga siesta, pues tenía la costumbre de pasarme la noche estudiando, recuerdo que vi a mis padres mirando la tv de la cocina con cara incrédula. Yo mire para la tele y veía la imagen de una Nueva York apocalíptica, con las torres envueltas en llamas, y me fije en que la cadena dónde estaba sintonizada la tv era la CNN , y yo no tenía CNN, así que pensé que era una película hasta que mi madre me cuenta lo sucedido. A cuadros me quede con lo que me contaba : aviones civiles que se estrellaron contra las torres, gente desesperada tirándose por las ventanas, las torres derrumbándose, y todo en vivo y en directo.

Como todo el mundo sabe como, porqué y qué ocurrió, no voy a ponerme a escribir aquí sobre lo que paso ,o divagar con teorías sobre las conspiraciones del gobierno estadounidense o tal o cual. Os voy a dejar una serie de imágenes sobre las torres diseñadas por el japonés Minoru Yamasaki en si (no de gente saltando, no de cadáveres o aviones estrellándose) y decir quizás que lo que aprendí junto a mi profesor de cálculo de estructuras del año pasado es que realmente el acero si funde a las temperaturas que se llego por el queroseno de los aviones y los pocos (pero letales) fallos de diseño estructural que hicieron que las torres se derrumbasen como lo hicieron. No mediante explosiones controladas como quieren imaginar muchos o, como dicen algunos por ahí, el acero no se derrite con el calor (¿perdón?)

Conspiración o no, los atentados se llevaron miles de vidas y destrozaron otras miles, como en la de cualquier atentado terrorista, la forma más cobarde y vergonzosa de defender unos ideales. 

La torre de cápsulas NAKAGIN (Tokio) fue diseñada por un grupo de arquitectos japoneses a finales de los años 50, pero su construcción no vería el final hasta 1971. El edificio en si es una mezcla de oficinas y residencias capaz de cambiar según las necesidades de sus habitantes. Al edificio se le estimaba una vida útil de unos 200 años, pero hoy en día, cuarenta años después , sus ocupantes la quieren derribar.

La torre esta compuesta por 140 células prefabricadas, distribuidas en dos torres interconectadas de 13 y 11 plantas. Las cápsulas tiene un espacio útil muy pequeño, de unos 2.5 metros por 3.8 metros aproximadamente y una altura de 2.1 metros. Su estructura es de acero ligero y está recubierta por placas galvanizadas  del mismo material.

Según Kisho Kurokawa, autor de la Torre Nakagin y uno de los fundadores del Metabolismo, la impermanencia llevaba marcando el aspecto de las ciudades de Japón desde hacía muchos siglos. Kurokawa creía que en el futuro las personas adoptarían una forma de vida más nómada, viviendo en diferentes lugares durante sus vidas. Su torre encajaba a la perfección con esa visión y no dejaba de ser un lugar de paso, para los hombres de negocios solteros que pasaban la semana laboral en Tokio. Pudiendo usar sus cápsulas como apartamento ultra-compacto o como un pequeño estudio. 

Las celdas estaban sujetas a la estructura central del edificio de hormigón únicamente mediante 4 pernos de alta resistencia, de manera que fueran fácilmente reemplazables en el futuro o, si se deseaba, se pudieran distribuir de manera diferente permitiendo la formación de apartamentos más grandes, más adecuados para familias. Todo esto, de manera independiente, es decir, se pretendía que fuera posible substituir cualquiera de las cápsulas sin necesidad de desmontar el resto. 

El ensamblaje de las cápsulas se realizaba en una fábrica, de manera que ya llegaban acabadas a la obra. Sólo hacía falta colocarlas en su posición final y realizar las conexiones necesarias con las instalaciones del edificio. 



El objetivo de Kurokawa era aprovechar al máximo el espacio mínimo de cada cápsula, de manera que, a pesar de su reducido tamaño, sus ocupantes dispusieran de un espacio vital y privado en el que pudieran llevar a cabo su vida diaria. Los electrodomésticos (una nevera, una pequeña cocina, un televisor y un grabador-reproductor de cintas de audio) estaban empotrados en una de las paredes. El baño era muy similar a los de los aviones. En el extremo exterior sobre la cama, una ventana circular.


El edificio fue acabado en 1972 y Kurokawa esperaba que cada 25 años se substituyeran todas las cápsulas, dando así una vida útil al edificio de unos 200 años. Sin embargo, este futuro que Kurokawa imaginó no ha llegado nunca. Las cápsulas no han sido renovadas. Los motivos son muchos, pero no ayuda que sólo sea posible desmontarlas desde arriba, no desde abajo, desde donde hubiera sido mucho más fácil y económico hacerlo. Tampoco se ha llevado a cabo un mantenimiento adecuado del edificio, que se encuentra en un estado de conservación no demasiado bueno y el agua se filtra por los pasillos, impregnando de humedad todo el edificio. 



No es de extrañar que los ocupantes de la torre no estén demasiado satisfechos con sus cápsulas y, en 2007, decidieran en votación demoler el edificio y la construcción de uno más moderno. Aunque los vecinos se quejaban del mal estado de conservación, dudaban de su resistencia a los terremotos o del peligro que podían suponer los asbestos empleados durante su construcción, parece que la verdadera razón era el desaprovechamiento del espacio que, en su opinión, suponía la Torre Nakagin, más si cabe en un solar situado junto a uno de los barrios más cotizados de la capital japonesa ( Shimbashi ). 

Por eso, no es de extrañar que el contraataque de Kurokava proponiendo la modernización del edificio substituyendo las obsoletas cápsulas por unas modernas, fuera rápidamente descartado. Los vecinos hartos de vivir hacinados, defendían la construcción de un nuevo edificio más espacioso y confortable. De esta manera, la nueva torre proyectada, aunque mantiene prácticamente igual el número de plantas, 14, tendría un 60 % más de superficie construida


La muerte de Kisho Kurokawa el 12 de octubre de 2007, dejó a su obra aún más indefensa y, pese a la oposición del Instituto Japonés de Arquitectos, los planes de demolición continúan y, si la torre aún sigue en pie, es porque debido a la crisis mundial los propietarios aún no han podido encontrar un promotor para la construcción de la nueva Torre Nakagin.

No se a vosotros, pero a mi me gusta tanto la idea como el diseño de la misma, además de su decorado interior con ese aire setentero futurista de la época (que me encanta).

 Hoy esta entrada va dedicada a uno de los edificios más emblemáticos e impactantes de los muchos que cuenta la ciudad de Nueva York, esa de la que tengo que visitar algún día cuando supere mi fobia a volar en avión. Pero como no estáis leyendo esto para contaros mis fobias (que son muchas) os contaré algo sobre este increíble edificio construido por la marca de automóviles CHRYSLER allá por 1929 y abierto al público en mayo de 1930 con una altura de 319 metros (1.047 píes)

 Lo que más llama la atención del diseño son sus águilas, que al igual que las gárgolas en los viejos castillos, vigilan la ciudad desde los cuatro costados del edificio. Junto a las águilas (que eran el símbolo que llevaban los coches sobre su capo) el diseño “art decó” del edificio introducía a la altura del piso 31 unos adornos que son una reproducción a las calandras de los coches de la época, pues todo el edificio es un homenaje a los automóviles de la compañía.

No se a vosotros pero este edificio parece sacado de la mismísima Gotham City, o sin ir más lejos, Spiderman, que siempre vigila la ciudad sentado sobre una de sus metálicas águilas. Curiosidades frikis aparte, el edificio ostento hasta la construcción del Empire State, el honor de ser el edifico más alto del mundo por aquella época, de todas formas, sea más alto o no, todos los neoyorquinos lo eligen como su preferido. Sus gárgolas llevan años vigilando la ciudad desde los días de hambre, suicidios y pobreza, la guerra, y los días dorados dónde volaba confeti por toda la manzana celebrando las grandes hazañas de los héroes americanos. También estuvieron allí aquella mañana de Septiembre en que todo se cubrió de fuego…

En plena guerra civil de los EEUU , las sesiones espiritistas se encontraban en pleno auge coincidiendo con las nuevas tecnologías de la época (fotografía, telégrafo y por supuesto la electricidad) , la gente veía y escuchaba lo inexplicable.

Nuestro protagonista, Mumler, se inició como fotógrafo “espiritista” por accidente en 1861. Por aquella época trabajaba como joyero en  Boston , aunque era aficionado a la fotografía. Un día, mientras revelaba un auto-retrato, descubrió a una chica que se parecía a una prima suya fallecida recientemente. Enseño la foto a sus amistades, y en especial a una amigo espiritista con el cuál bromeo diciendo que era una foto del más allá, y la noticia se corrió como la pólvora. 

Al poco, Mumler abrió su primer estudio. Su mujer trabajaba con él y era la encargada de recibir a los clientes anisados de verse en las fotografías con sus seres queridos. Al poco Mumler cobraba unos 10 dólares por una docena de fotografías, cinco veces el precio habitual de la época. Los fotógrafos de Boston no estaban nada contentos. James Black, uno de esos fotógrafos, pensaba que todo era un timo. Black se apostó 50 dólares con Mumler que sería capaz de descubrirle. Examinó la cámara de Mumler, la placa y su sistema de procesado, incluso llegó a entrar en el cuarto oscuro con él. En su autobiografía, Mumler habla de la asombrosa incredulidad de Black cuando una imagen con forma fantasmagórica apareció en el negativoLa técnica que usaba Mumler para hacer sus fotografías era objeto de gran especulación. En 1863 en un ensayo para el Atlantic Monthly, Oliver Wendell, otro ávido fotógrafo, no sólo explicaba paso a paso las instrucciones para obtener una doble exposición, sino que además hacía referencia a la popularidad de las fotos de Mumler: “con un fondo apropiado, fotografías así son un refugio para las mentes débiles”. Para Wendell, una madre que acababa de perder a un hijo, y quería tener una foto de su espíritu, poco le bastaba para verlo. Una mancha con apariencia de ropa de niño en la foto, y una confusa forma redondeada le bastaría para convertirla en su cara.

Aunque muchos de los espíritus de Mumler encajaban en esa descripción de “forma confusa”, la mayoría de sus apariciones tenían facciones humanas y se entrecruzaban con los vivos. Eran espíritus, no fantasmas, y en esta diferencia residía el éxito de Mumler. El negocio de Mumler empezó a decaer a medida que sus apariciones empezaron a ser consideradas una estafa. Incluso algunos prominentes espiritistas se habían quedado atónitos al descubrir que algunos de los espíritus que aparecían en las fotografías de Mumler eran personas que todavía estaban vivas.




En 1868 Mumler llegó a Nueva York, ocho años después de sus inicios como fotógrafo espiritista. En Nueva York siguió con ese oficio y en tan sólo un año, en el que tomó unas 500 fotografías, se convirtió en el fotógrafo espiritista más conocido de la ciudad. Otra vez ese éxito lo puso en el punto de mira de los escépticos, esta vez fue el New York Sun el que envió a Charles Livermore, un financiero que era también espiritista, a tratar de desenmascarar el engaño. El 16 de marzo de 1869, otro caballero visitó el estudio de Mumler en Broadway. Se presentó como William Bowditch y solicitó a Mumler un retrato con un familiar difunto. Después de pagar por la fotografía, pero no poder ver el espíritu prometido, Bowditch reveló que él también escondía un secreto: su nombre verdadero era Joseph Tooker y era en realidad un alguacil de la ciudad de Nueva York trabajando de incógnito – era el final de una investigación policial contra Mumler.

A principios de mes, un editor de ciencia del periódico World había hecho llegar al alcalde Hall las quejas contra Mumler de los miembros de una reputada sociedad de fotógrafos de Nueva York. Estos preocupados por mantener la fotografía como una medio veraz y fiable, y dándose cuenta de su extraordinario poder, expresaron su indignación contra el trabajo de Mumler y exigieron una acción inmediata. Tooker arrestó a Mumler el 12 de abril por “estafar a gente crédula con lo que él llamaba fotografías de espíritus”.

Al poco fue juzgado y el juez pronunció su veredicto. Un veredicto ambiguo y confuso. El juez daba la razón al fiscal afirmando que estaba “moralmente convencido” que Mumler utilizaba el “engaño y el fraude”. Sin embargo, ponía en libertad al fotógrafo. El fiscal había sido incapaz de señalar que engaños usaba Mumler y, entonces, no había caso.



Mumler volvió a Boston dónde abrió otro estudio pero este mucho más modesto. Mumler continuó fotografiando creyentes a los que proporcionaba sus dudosos consuelos. En esta época final es cuando Mumler realizaría su foto más famosa, la de la viuda de Abraham Lincoln con el espíritu de este. Mumler moriría a los pocos años, en 1884. Su talento como fotógrafo sólo rivalizó con su talento como artista de la estafa, pero murió pobre, no consiguió recuperarse de los 3.000 dólares que le costó su defensa, una pequeña fortuna en aquella época. Pese a todas su vicisitudes, Mumler mantuvo hasta el final que él era “únicamente un mero instrumento” para la revelación de la “hermosa verdad”. Para que nadie pudiera probar lo contrario, Mumler destruyó todos sus negativos poco antes de su muerte.


fuentes ::

 cabolo
 wikipedia